Sexo virtual: a uno de cada tres adolescentes le pidieron fotos íntimas o le enviaron desnudos sin su consentimiento


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Tras la recomendación del Ministerio de Salud por el coronavirus, expertos advierten los peligros del sexting entre los más jóvenes.

Cuatro de cada diez adolescentes practica el sexting, eso que este viernes, en conferencia de prensa, el Ministerio de Salud de la Nación recomendó en plena cuarentena obligatoria por el brote pandémico de coronavirus. Es que, explicaron los especialistas de esa cartera del Gabinete, aún falta información sobre si las relaciones sexuales pueden favorecer el contagio de este virus respiratorio.

Ante ese desconocimiento -sumado a la prohibición de salir de casa-, las autoridades instaron a practicar el sexo virtual: para «sextear» hay que intercambiar mensajes escritos, de voz, fotos o videos de índole sexual. Entre los adolescentes, nativos digitales, la práctica alcanza casi a la mitad de la población, según un relevamiento de la ONG Grooming Argentina al que tuvo acceso Clarín.

Ese mismo estudio da cuenta de que, al menos hasta febrero de este año, a no menos del 35% de los adolescentes de entre 14 y 17 años les habían pedido alguna foto o video con poca ropa o directamente desnudos. Y que el 33% de los chicos y chicas de esa edad habían recibido fotos o videos íntimos de otra persona sin que mediara su consentimiento, es decir, de forma compulsiva. Esos son los datos que, en medio de la recomendación del Ministerio de Salud, alertan a los expertos.


«No hay manera de que el sexting sea seguro. No es una actividad que efectivamente sea privada, por lo que no resulta segura», sostiene Hernán Navarro, titular de la ONG que llevó a cabo el relevamiento entre más de 2.500 adolescentes argentinos. Y agrega: «Entiendo que esta recomendación hecha por el Ministerio de Salud apunta al mundo adulto, pero hay que prestar atención a qué pasa en el universo adolescente, donde el sexting está creciendo. Por más que envíes material en el que no se te ve la cara, como se recomienda, siempre hay datos por contexto que pueden revelar la identidad, o datos digitales del archivo. Si ese material se viraliza puede revictimizar a quien compartió el material hasta mucho tiempo después».

Para Navarro, es importante que los adolescentes sepan que «en el instante en el que se envía un mensaje, una foto, un video, eso deja de ser privado». «Nadie está en contra de las libertades sexuales de los adolescentes, pero es prioritario que no se vulneren sus derechos a la intimidad, a la integridad sexual, a la imagen y al honor», describe. E insiste en que ninguna plataforma es lo suficientemente segura como para que el material intercambiado no se viralice.

Sebastián Bortnik es experto en seguridad informática y uno de los fundadores de la ONG Argentina Cibersegura. «El consejo sobre sexo virtual que dio el ministerio debe ir acompañado con un asterisco muy grande para los adultos y uno gigante para los adolescentes. Negar el sexting como práctica que es parte de la vida sexual actualmente sería cómodo y negador. Pero hay que hacer advertencias. Así como nadie tiene relaciones sexuales por inercia, y después dice ‘uy, no me di cuenta’, hay que ser cuidadosos y reflexivos en las prácticas virtuales», opina.

Según Bortnik, «lo principal es que haya consentimiento, que desde ya sea una relación entre pares y no que haya un adulto engañando y extorsionando a un chico, lo que configuraría el delito de grooming; a la vez, siempre hay que ser responsables con la intimidad del que manda su material». Finalmente, recomienda el especialista, «es mejor intercambiar lo que menos daño pueda causar, en plataformas donde la foto se borra después de vista, o tal vez un texto». «La cuarentena, que tiene a las familias compartiendo más tiempo que nunca, puede resultar una oportunidad ideal para el diálogo: ahí los adultos pueden aprovechar para empoderar a los adolescentes sobre los cuidados que conviene tener a la hora de practicar el sexo virtual», destaca.

Yael Bendel es titular del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad. «Nunca vamos a alentar el envío de imágenes o videos de parte de los adolescentes, porque de mínima podrían terminar en una situación de ciberbullying entre pares, y de máxima, podrían ser usadas en el mundo adulto en redes de intercambio de material virtual con
imágenes de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes», describe

«Si quieren mantener un intercambio de índole sexual, lo mejor es una conversación telefónica, ya que no queda registro que pueda ser viralizado», suma Bendel, y concluye: «Al enviar un archivo perdemos todo dominio sobre esa imagen, y en Internet parece no haber derecho al olvido».

El médico psiquiatra Juan Eduardo Tesone asegura: «Parece algo excesivo que el Estado haya dado recomendaciones sobre cómo vivir la sexualidad. Se entiende que planteen ciertas prevenciones por salud pública, pero que indiquen qué conviene hacer parece una injerencia en la intimidad de las personas. Por otro lado, no creo que los adolescentes estén demasiado pendientes de lo que dice el Estado, pero una indicación así puede congelar el deseo».

Any Krieger es psicóloga y autora del libro «Sexo a la carta». Según su visión, «una indicación sobre la sexualidad enviada desde el Estado es algo inédito en décadas, y no sabemos qué impacto va a tener en el inconsciente». «No sabemos si va a liberar la culpa que siempre está implícita en la práctica sexual, o si, para ejercer cierta rebeldía contra lo que indica la autoridad, va a practicarse menos el sexo virtual. El mensaje de Salud indica ‘hacelo pero puede ser peligroso’, porque advierte sobre el lavado de manos previo y posterior a la hora de masturbarse. Antes de la pandemia, el goce auto-erótico ya se practicaba porque el encuentro con el otro ya estaba aplastado. Tal vez la pandemia vino a ponerle la frutilla al postre a la imposibilidad de enamorarse. O a lo mejor ahora surge una rebeldía y la gente vuelve al amor», reflexiona.

Fuente: Clarín

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