¿Quién dijo que el cambio no es posible?


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generemosblog2Quise compartir este relato, en primera persona y a riesgo de sonar soberbio, porque me sucedió a mí y tengo la intención de que quien lea sepa que se puede, que no es un cuento lo que cuento y que probando lo va a comprobar!

Esta mañana, en mi acostumbrada caminata de lunes por medio por avenida Rivadavia desde Loria hasta Congreso, me cruce con la décima parte de pegatina de lo que hace un par de meses había, obviamente no fui yo el que los despego! Evidentemente hay muchos.

Una señora que salía del subte me dijo gracias… Otro muchacho me vio, se sonrió y dijo te ayudo… varios dieron vuelta la cara, algunos para mirar, otros para no ver… Muchos de ustedes saben bien de que les hablo…

Evidentemente el ejemplo transforma.
Las palabras pueden inspirar, la acción genera cambios.

Y aquí comienza lo más fuerte.

Un par de chicos que estaban pegando, me vieron me quisieron disuadir, e intentaron agredirme.
Pidiéndoles que no se enojen conmigo, trate de explicarles con paciencia y una sonrisa que ellos hacían lo que podían, y yo, lo que creía. Que sigan con lo que hacían si así querían, y que yo iba a seguir también… Palabra va, palabra viene, me quede charlando con ellos y les ofrecí ayudarlos a conseguir trabajo. Me preguntaron quién me pagaba? Les contesté que “Di-s”. Esta respuesta les hizo abrir los ojos y los silenció por un segundo. Cuando pude acercarme a su realidad y necesidad, cambiaron confrontación por sinceramiento. Uno de ellos, con tremenda angustia y con los ojos brillando, a punto de explotar en llanto, me explicaba que hacía esto para darle de comer a su hija y para que ella pueda ir a una escuela. Me preguntaba si yo podía imaginar lo que era bancarse la vergüenza ante la mirada de aquellos que al ver lo que hacía, lo observaban con desprecio… Que si realmente yo podía, que el quería laburar!

Hace un rato, ya casi terminando el lunes, hablé por teléfono con el y le pase los datos de una fundación, para que pueda tramitar un trabajo digno.

Ya son cinco los muchachos con los que pude establecer una conversación, acercarme y hacerme amigo. Comprendi que es muy difícil competir contra los 150, 200 o más pesos que les dan por día para pegotear. Otro me contó que ya estaba por juntar lo que necesitaba para abrir una verdulería…
El camino de la comprensión, me dio mejor resultado que la confrontación y el desprecio.

Sabemos que el sistema es perverso, pero podemos cambiarlo! Cuestión de no aflojarle!

Son muchos los que dicen: “Para qué? Si los vuelven a pegar…”.

Yo les voy a contestar con un último relato, otra de las cosas que me sucedieron en 45 minutos de esta mañana:

neneEn plena Plaza Miserere, Once, donde hasta hace poco se daba la mayor concentración de pegotes que yo haya visto, había una mujer vendiendo roscas de pan y junto a ella un nene, su hijo seguramente. El nene me vió y como un juego, comenzó a imitarme. Los dos nos pusimos a jugar despegando papelitos. Como no podía llegar solito, le hice upa y despegó los más altos… La madre miraba y sonreía tímidamente, casi escondida y en silencio.
Nadie habló.
Este chico, cuyo nombre desconozco y cuya foto comparto y cubro para no exponerlo, sonreía y jugaba,  despegaba papelitos sin saber qué sentido tenía lo que estaba haciendo…

Yo sí.

Autor: SB (un activista constante en Despegalo!!!)