Tenían que prostituirse 8 años para saldar su deuda


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Las víctimas de la red internacional de explotación sexual desmantelada en Vigo y Barcelona en los últimos días adquirían una deuda cercana a los 60.000 euros con esta organización criminal y, para saldarla, debían prostituirse a diario durante «ocho a diez años» con una media diaria «de 20 horas en la vía pública a 10 o 15 euros el servicio». Lo ha explicado este jueves en rueda de prensa el jefe del Centro de Inteligencia y Análisis de Riesgos de la Comisaría General de Extranjería. Nieto ha explicado que la operación policial, que culminó con la detención de siete personas de nacionalidad nigeriana, cinco en el área de Vigo y dos en la de Barcelona, permitió liberar a cinco mujeres, también nigerianas. Cuatro de ellas estaban siendo explotadas sexualmente, mientras que la quinta acababa de llegar a España en avión e iba a ser trasladada a la localidad barcelonesa de Manlleu.

La Policía ha señalado que este grupo, junto con otra red más pequeña desmantelada en Madrid, podría estar explotando a entre 150 y 200 mujeres, siguiendo un modus operandi similar. «Eran captadas en sus zonas –a menudo, en Benin City (Nigeria)– y trasladadas a Europa, principalmente a España, Italia y Francia para su posterior explotación sexual. Para ello utilizaban visado, requerido desde Nigeria para cruzar a la zona Schengen, y contraían «una deuda cercana a los 60.000 euros que tenían que saldar con su trabajo en la calle», ha explicado José Nieto. Después de un tiempo, según ha indicado, cuando la zona estaba bastante «trabajada», las redes movían a las mujeres a otras provincias o países de Europa, donde seguían siendo explotadas hasta, aproximadamente, los 40 años. Los explotadores mantenían a las mujeres bajo un control absoluto gracias a la deuda generada por el traslado a España, la reiteración de amenazas y coacciones y la práctica de rituales de vudú.

Nieto ha precisado que el sistema de captación y retención de las víctimas utilizado por las mafias nigerianas es el vudú, que somete a las mujeres a una «creencia superior» por la que piensan que si entran en contacto con una persona ajena a su entorno familiar o religioso, pueden sufrir daños tanto ellas como sus familias. El ritual se realizaba a las víctimas en tres lugares: el de captación, el de destino y el de explotación. Precisamente, ha indicado que en la casa de Vigo donde se descubrió la trama, se encontraron restos de pelo, ropa y sustancias biológicas propias de la práctica del vudú junto a documentos firmados por el supuesto brujo y la víctima. Estos restos se localizan normalmente, según ha apuntado Nieto, guardados en lugares donde nunca les dé el sol, fuera de la visión de la gente y perfectamente protegidos.

La operación de Vigo comenzó en octubre de 2012 con un control rutinario en la zona de O Berbés (Vigo), donde ejercían la prostitución dos ciudadanas nigerianas que, al no llevar documentación, fueron trasladadas a comisaría. Una de ellas dio indicios claros de estar siendo explotada pues no hablaba nada de castellano y estaba recién llegada a España. A continuación, los policías las acompañaron a su casa, donde no tuvieron facilidades para conseguir la documentación, por lo que se inició una investigación. De esa forma, se comprobó la presencia en la ciudad de Vigo de un entramado, compuesto íntegramente por ciudadanos de Nigeria, dedicado a traficar y explotar sexualmente a compatriotas. Los responsables de este grupo controlaban todo el proceso de traslado de las víctimas a España mediante intermediarios localizados en los países de origen y tránsito.