Según Unicef, crecieron un 50% los casos de pornografía infantil


Print Friendly, PDF & Email

El Centro de Investigaciones Inocente, que depende de Unicef, publicó un informe en el que registró 16.700 casos de abusos sexuales contra menores en diferentes páginas web de todo el mundo durante 2011. El año anterior, la cifra era de 10.600.

La Argentina no está exenta de esta realidad. «Hoy en día, debido a los continuos avances tecnológicos, la cantidad de pornografía infantil está creciendo en números alarmantes, como si se tratara de una pandemia», reflexionó el secretario general de Política Criminal y Planificación Estratégica del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad, Agustín Gamboa.

Según fiscales y especialistas policiales consultados por LA NACION, el motivo principal del crecimiento de la circulación de este tipo de material ilegal es la facilidad y la velocidad con que se pueden compartir archivos digitales, que desde 2005, con el incremento del ancho de banda, aumentaron de forma exponencial.

Ante esta situación, desde noviembre del año pasado, en la ciudad hay una fiscalía especializada en delitos informáticos, encabezada por Daniela Dupuy. Desde su creación, esta fiscalía recibió más de 112 causas por pornografía infantil.

En cuanto a las fuerzas de seguridad, fuentes calificadas de la División de Delitos Informáticos de la Policía Federal también coincidieron en que el aumento en la cantidad de los casos se debe a los avances en las comunicaciones.

Además, tanto detectives como fiscales señalaron que uno de los problemas que hay en el país es que, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, en la Argentina se pena la distribución y no la tenencia de este material (artículo 128 del Código Penal). Por este motivo, muchas de las investigaciones, como la del caso de las Operaciones Pureza II e Historia, son realizadas en colaboración con organismos de seguridad extranjeros, como Interpol o el FBI.

Atraso

En comparación con otros países, «la Argentina se encuentra un poco atrasada; por ejemplo, en Chile existe la figura del agente encubierto para este tipo de delitos, que de tenerlo aquí ayudaría a fundamentar los procesos», explicó Dupuy.

En Alemania, por ejemplo, existe un equipo especial que se dedica a buscar material mediante el «hash», que es como la «huella digital» del archivo. Con ese dato, buscan en las redes peer to peer (P2P, fundamento de conocidos programas para intercambio de archivos como Ares y eMule) quiénes son los que compartieron el archivo, para dar luego notificación a la Justicia, que elabora las órdenes de detención.

Otro de los problemas que tiene el sistema argentino, según los especialistas, es el atraso en la cantidad de herramientas necesarias para combatir este flagelo.

«Para combatir esta clase de delitos hay que estar en sintonía con los continuos avances en tecnología. Ese es uno de los puntos a mejorar», afirmó una calificada fuente policial, que, además, y como consejo para prevenir la exposición de menores de edad, recomienda que las computadoras hogareñas estén en un lugar de la casa que permita a los padres ver qué están haciendo sus hijos.

Si bien no se conoce cuánto dinero mueve esta actividad ilegal, varias fuentes señalaron que el beneficio no se encuentra en la distribución, sino en la creación de un circuito de prostitución VIP de menores.

«El dinero no se encuentra en la producción de este tipo de material, sino en el turismo sexual que se puede generar a partir de esto. Un ejemplo muy claro es lo que sucede en Rusia, donde la mafia provee a los pedófilos a las menores de edad para poder grabar el material pornográfico», explicó una fuente policial especializada en este tipo de delitos.

Según expertos en el tema, los pedófilos necesitan mostrar que, además de consumidores, son distribuidores del material pornográfico. Para realizar esta acción, tienen dos formas predilectas. La primera es utilizar los borradores de correo en las cuentas de mail. Una vez que crean una nueva cuenta, a la cual tienen acceso varias personas, cargan el material en un correo electrónico que nunca es enviado, sino guardado como borrador. Para compartirlo, las personas que tienen el nombre de usuario y clave sólo deben buscar ese borrador de mail y descargar el material a su PC.

El otro camino para intercambiar estos archivos es mediante programas que usan conexiones P2P. En este tipo de software, uno descarga archivos que se encuentran en ordenadores de otras personas, que están conectadas entre sí. Este medio facilita a los investigadores la detección, ya que estos programas tienen la opción de decidir si compartir o no este tipo de archivos, con lo que queda asentado que quienes lo hacen tuvieron la intención de distribución, que es lo que aquí castiga la ley.

«Al compartir el archivo expresan directamente su intención de distribución del material», explicó a LA NACION Dupuy