Prostitución de menores: el caso de proxenetas de nenas de Rafaela


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Los hechos de esclavitud sexual de mujeres adolescentes se acumularon en los últimos meses. Una condena en particular llamó la atención de la Justicia. El aberrante hecho involucró a una familia rafaelina protagonista de oscuros episodios.

Una publicación aparecida ayer en Infobae con la firma del periodista Federico Fahsbender, hace un minucioso repaso de hechos resonantes de prostitución infantil ocurridos en los últimos años en diversas ciudades de nuestro país. Entre los sucesos aberrantes recordados, aparece uno que involucra a una familia rafaelina que resultó condenada el año pasado. Aquí la historia.

Tenía 15 años

El hallazgo del fiscal Ichazo llenó un hueco en la historia, algo que les faltaba a investigadores e investigadoras del delito sexual contra menores. Años atrás en su escritorio frente a Infobae, uno de los más veteranos investigadores sobre la explotación sexual en Argentina se encogía de hombros cuando le preguntaban por un proxeneta de nenas consumado, a ver si se había encontrado con alguno, un abusador regente. No había visto nada como la familia Landriel, con Daniel, hoy de 28 años, su padre Abelardo, su hermana menor Antonella, su madre Patricia Luna, todos de Rafaela, provincia de Santa Fe. G., una chica de 15 años, había llegado desesperada a la ex comisaría 8ª de la Policía porteña en la tarde del 7 de agosto de 2014, decía que había conocido tres años atrás a Daniel Landriel en la casa de su hermana en un barrio pobre de Florencio Varela, que tiempo después Landriel le escribiría una carta: quería que G., una nena que ni siquiera había atravesado la pubertad, fuese «su novia», que se la quería llevar a vivir a Rafaela. Una tarde, G. discutió con su hermana, ya no quería vivir más con ella. Tomó el poco dinero que tenía y abordó un colectivo para ir a vivir con su mamá en San Francisco Solano. Landriel, increíblemente, apareció en el colectivo.
Tiempo después, G. llegaría a Rafaela, a la casa de los Landriel en Villa Dominga, con su suegro, su cuñada y su suegra, Patricia, que se prostituía. Una tarde, en un almuerzo familiar, Patricia se quejó de que G. no trabajaba, que vivía gratis, que se la llevaba de arriba. «Que venga», dijo Patricia, «que labure conmigo».
G. se negó. Daniel procedió a golpearla. Poco después, G. terminó con Patricia y otras dos prostitutas en una parada de Rafaela a $ 150 la hora. Tuvo sexo con tres abusadores en su primer día.
Un año después, G. tuvo una bebé. Landriel era el padre, según ella. Su proxeneta continuó golpeándola durante el embarazo, forzándola a ir a la parada a buscar clientes durante diez horas cada día, tomando la plata que ganaba, amenazándola si volvía con las manos vacías.
Luego de algunas denuncias efectuadas por la menor, el 3 de agosto de 2015, la Federal irrumpió en el Hotel Soutullo. Encontraron a Abelardo Landriel, a Daniel Landriel, a su hermana Antonella, a la hija que Landriel tuvo con G. También encontraron a la menor en la esquina de Bacacay y Artigas. La chica mostró un documento, con el nombre de Fabiana Luna y un número, que comenzaba con 49 millones. El número y el nombre no coincidían, correspondía en rigor a una menor sanjuanina que hoy tiene nueve años. Ni siquiera habían calculado un número de DNI de alguien mayor de edad para su falsificación. Fabiana en realidad se llamaba M. La habían captado en un barrio de Rafaela, con la posible complicidad de su madre biológica, tres meses antes, la vendían a abusadores en un albergue a pocas cuadras del hotel Soutullo, llamado El Fénix, de donde la habrían echado al finalmente darse cuenta de su edad según la causa posterior. Un policía de inteligencia que declaró en la causa aseguró que vio a la chica frente al lugar, que posibles abusadores pasaban y le hablaban. La vio primero con pelo rubio, aseguró el policía, luego como morocha.
La aparición de Antonella fue una sorpresa para los investigadores: G. había acusado a la hermana de su explotador de haberla explotado a ella también, la llevaba supuestamente a eventos de automovilismo para ofrecerla como mercancía sexual.

Retraso madurativo

Durante todo el proceso, algo llamaba poderosamente la atención de los especialistas, en su forma de hablar, en la estructuración de sus ideas. Una junta compuesta por una médica clínica, una psicóloga y dos psiquiatras determinaron que M. no solo padecía un síndrome propio del maltrato sufrido: padecía también un retraso madurativo. La familia Landriel explotó sexualmente a una adolescente con retraso mental en hoteles de Flores, en las veredas de la zona cercana a Plaza Miserere, a golpes de puño en la cara, para meterse la plata en el bolsillo.
Patricia, la madre de G., la primera víctima, finalmente declaró en octubre de 2017, tres años después de que su hija denunciara los tormentos que sufrió. Dijo que conocía a los Landriel, que sabía de su nieta, la nena que su hija tuvo con su abusador. Aseguró que tenía 12 hijos, G. era la penúltima. Daniel iba a su casa al comienzo, le parecía, dijo ella, «una persona maravillosa». Terminó encontrando tiempo después a su hija en la zona de la estación de Bosques, con la bebé en brazos, la ropa rota. Fue ella quien recuperó a su hija, que terminó en un hogar luego de que Landriel fuera detenido, así como a su nieta.
La condición mental de M. fue considerada un agravante en la imputación cuando el Tribunal Oral Federal N°1 integrado por los jueces Grünberg, Michilini y Vega, condenó el 20 de febrero de 2018 a Daniel Landriel a 11 años de cárcel, otros cinco para su padre. Ambos continúan presos hasta hoy. Antonella Luna, su madre y la madre de M. fueron absueltas.

Fuente: Diario Castellanos

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