Legalizar la prostitución no ha limitado la trata de mujeres


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Datos estadísticos demuestran que los países que han reglamentado la prostitución no han logrado controlar el tráfico de mujeres esclavas y clandestinas.

Algunos países del mundo han optado por reglamentar la prostitución. Entre los objetivos declarados por los políticos que proponían estas medidas, estaba el de querer poner fin a la trata de mujeres y al tráfico de inmigrantes clandestinas que se veían explotadas en este mercado.

Un estudio redactado por Janice G.Raymond, y publicado por la Coalición Internacional Contra el Tráfico de Mujeres (Cictm/CATW) revela interesantes datos estadísticos, acerca de los efectos de la legalización de los prostíbulos. El informe refleja que la trata, la reducción en esclavitud y el flujo de clandestinos en dichos países no se han detenido.

En Holanda rige la autorización legal de todos los sujetos de la industria del sexo: las prostitutas, los clientes y los proxenetas. Estos últimos se han convertido en empresarios del sector servicios. Como consecuencia, los hombres son incentivados a comprar a las mujeres como objetos sexuales, en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad. Según los resultados del estudio de CATW acerca del impacto social de tales reglamentaciones, el dignificar la prostitución como un trabajo no supone el dignificar a la mujer que ejerce este oficio.

La aceptación de la prostitución como actividad lícita no proporciona una mayor integración social a la prostituta mujer, ni al transexual o al gigoló . Esta medida simplemente favorece a la industria del sector. De hecho, no penalizar legalmente a quien decide prostituirse es coherente con los valores de la democracia, pero el examen de los sucesos en países como Holanda, que han optado por despenalizar a quien gana dinero empleando trabajadores sexuales, demuestra, como veremos a continuación, que las personas que se prostituyen son desfavorecidas.

¿La legalización proporciona medidas de protección a las prostitutas?

La Coalición Internacional contra el Tráfico de Mujeres ha entrevistado en 2003 a casi 200 víctimas de la explotación. Estas mujeres indicaban que tanto si se encontraban en establecimientos de prostitución, legales o ilegales, éstos hacían muy poco para protegerles a ellas, afirmando que «En caso de proteger a alguien, protegen a los clientes».

De las encuestas emerge que la violencia es una parte intrínseca del oficio de la prostitución. Los proxenetas utilizan la violencia para humillar y para aislar a las mujeres, para derrumbarlas y vencerlas, con el objetivo de que ellas realicen los actos sexuales que los clientes piden. En los prostíbulos ningún «protector» está en la habitación con ellas, donde cualquier cosa puede ocurrir, ni se queda cerca de la puerta. Incluso cuando se utilizan cámaras de vigilancia, el objetivo es proteger el establecimiento.

Se obligan a las mujeres, y no a los clientes, a chequeos y certificados de salud. Ellas son despedidas si han sido infectadas de sida, y los chequeos no tienen ningún sentido en relación a la salud pública.

La persona-objeto

Según afirman los activistas del CATW: «Cuando las barreras legales desaparecen, también desaparecen las sociales y éticas respecto al hecho de tratar a las mujeres como productos».

Cuando los hombres tienen un exceso de oferta de «servicios sexuales», las prostitutas tienen que competir en la oferta de servicios, dedicándose con más frecuencia al sexo anal, al sexo sin condón, a relaciones de esclavitud y dominación y otras tendencias demandadas por los clientes. Por ejemplo, las capacidades reproductivas de las mujeres se convierten en productos.

«Algunos clientes encuentran excitante el embarazo y quieren tomar leche de pecho en sus encuentros sexuales. Se ofertan servicios a hombres discapacitados, y los/as cuidadores/as contratados por el Estado, están obligadas/dos a llevar a estos hombres a los prostíbulos, si ellos lo desean». (Sullivan and Jeffreys).

La cultura machista se reafirma en Australia

La igualdad de género está sufriendo un retroceso en Australia. Debido a los altos ingresos que el comercio del sexo asegura, y a las leyes permisivas que están vigentes, las autopistas se han llenado de carteles que ofertan a mujeres como objetos sexuales. Se anima a los hombres de negocios a que tengan sus reuniones de empresa en los clubes, donde hay mujeres que sirven las mesas desnudas durante la hora de comer y del té o café.

El dueño de un prostíbulo de Melbourne declaró que la mayoría de sus clientes son «Hombres profesionales bien educados, que acuden durante el día y después van a sus casas a reunirse con sus familias». (Sullivan and Jeffreys)

Inmigantes clandestinas implicadas en la explotación sexual

En enero de 2002 se estableció la prostitución en Alemania como un trabajo legítimo, después de que durante cinco años estuviera legalizada en las llamadas zonas «eros», o zonas de tolerancia. Ahora es legal la promoción de la prostitución, el proxenetismo y la existencia de prostíbulos.

En 1993, a través de estadísticas, se reconoció que el 75% de las mujeres que estaban dentro de la industria del sexo procedían de Uruguay, Argentina, Paraguay, y otros países de Sudamérica (Altink, 1993: 43). Después de la caída del Muro de Berlín, los dueños de los prostíbulos informaron que nueve de cada 10 mujeres empleadas procedían de los países del Este de Europa y de otros países que pertenecieron a la antigua Unión Soviética.

Actualmente, algunas ONG estiman que un 85% de las prostitutas son extranjeras, y ponen en duda el hecho de que hayan podido entrar a Alemania sin algún tipo de ayuda de parte de organizaciones criminales. Al igual que en Holanda, las ONG alemanas señalan que la mayoría de las mujeres extranjeras han sido traficadas.

Iñigo Ortiz de Guzmán, en su artículo basado en el programa de TV Cuatro After Hours, explica: «Latinoamérica sigue siendo el origen de la mayoría de las prostitutas afincadas en España, pero desde hace poco menos de una década se han multiplicado las bandas que traen mujeres del Este de Europa. (…)El 5% de las mujeres ejercen la prostitución de forma voluntaria.»

Suecia nada a contracorriente, penalización de los clientes

El proyecto de ley del Gobierno Sueco 1997/98:55 sobre la Violencia Contra las Mujeres, prohíbe y penaliza la compra de «servicios sexuales». Suecia cree que prohibiendo la compra de los servicios sexuales, la prostitución y sus efectos perjudiciales pueden contrarrestarse de una manera más efectiva. Y lo que es más importante, esta ley afirma que «la prostitución es un fenómeno social no deseable» y que es «un obstáculo para el actual desarrollo hacia una igualdad entre hombres y mujeres».

Fuente: Manuela Garreffa

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