La Ley de Trata, una herramienta clave para que no abran nuevos locales


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Entre 2011 y la actualidad, la Agencia Gubernamental de Control clausuró 230 locales que operaban como prostíbulos encubiertos. Algunos estaban habilitados como bares y otros, como boliches bailables clase C. Los cerraron por desvirtuación de rubro, porque en la práctica trabajaban como locales clase A, que son los que tienen coperas o alternadoras. Del total de locales cerrados, 92 fueron clausurados en el último año y medio.

La AGC hace inspecciones en base a denuncias o a la aparición de volantes promocionando servicios sexuales. Los barrios con más locales denunciados son Flores, Retiro, Palermo, Recoleta, Once, Liniers y Pompeya. “Combatir el proxenetismo es la más efectiva política preventiva contra la trata de personas. Seremos implacables en el control de los locales que desvirtúan su actividad camuflando un delito aberrante como éste”, sostiene Juan José Gómez Centurión, Director Ejecutivo de la Agencia.

La figura de clase A está contemplada en el Código de Habilitaciones porteño. Se aplica a locales con mujeres que cobran un porcentaje de lo que consumen sus clientes. Pero ya no se habilitan lugares clase A, porque infringen la Ley de Trata de Personas, que también considera trata cuando se promueve o facilita “la prostitución ajena o cualquier otra forma de oferta de servicios sexuales”. Mantener la figura de clase A en el Código, les permite a los inspectores porteños clausurar los locales infractores por “desvirtuación de rubro”. “El primer paso para luchar contra la trata es que este tipo de locales no estén abiertos ”, dice Rodrigo Bonini, jefe de Gabinete de la AGC.

Para clausurar los clase A, los inspectores deben comprobar que hay una relación comercial entre las mujeres y el local. Esto salta, por ejemplo, cuando hay lockers donde ellas guardan sus pertenencias. Las pistas también pueden surgir de la ambientación, por ejemplo cuando hay un caño de baile. Las coperas a veces pactan con los clientes una tarifa para tener sexo en un albergue transitorio, hotel o privado. Y a veces, los inspectores descubren vinculación comercial entre el local y el lugar donde la mujer presta el servicio.

La AGC revocó 40 habilitaciones de sitios donde se comprobó la explotación de mujeres. Como Lulú, un bar en Varela 64, Flores, donde los clientes contactaban coperas. Si pactaban otro servicio, iban a un edificio vecino. El bar fue clausurado varias veces y en una hasta hallaron a dos mujeres atrapadas en el lugar, que estaba cerrado por fuera con candado. Ellas argumentaron que “se las habían olvidado adentro”. La AGC le revocó la habilitación al local, que reabrió como Victoria Bar hasta que la Agencia volvió a cerrarlo.

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