Brasil enfrenta la explotación sexual de niños de cara al Mundial de Futbol


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El gobierno Roussef responde al llamado del Vaticano y comienza a aplicar medidas

Exactamente a un mes de que fuera inaugurado el Mundial de Fútbol en Brasil, la Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB) presentó la campaña “Juega a favor de la vida, denuncia el Tráfico de Personas”, para prevenir y enfrentar, desde la sociedad brasileña y los organismos internacionales de prevención del tráfico de personas y la explotación sexual durante la competencia futbolera que comienza el 12 de junio próximo.
 
La CRB anunció entonces que –en seguimiento de los acuerdos internacionales que está llevando a cabo el Vaticano, bajo la guía del Papa Francisco que ha considerado este tema como un crimen de lesa humanidad– que el  20 de mayo la campaña será dada a conocer en el Vaticano, cuestión que se llevó a cabo así y que tuvo repercusiones muy positivas en todos los países del mundo comprometidos con el respeto a los derechos de los niños.
 
Un delito hediondo
 
En continuidad con la iniciativa de la CRB, y organismos como “Un grito por la vida”, el pasado fin de semana el Ministerio de Justicia de Brasil prohibió la entrada en este país a los extranjeros «condenados o involucrados en denuncias relacionadas con pornografía o explotación sexual de niños y adolescentes».  Poco antes se había anunciado la puesta en marcha de una nueva ley sancionada por la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, en la que se tipifica a la explotación sexual infantil como un “delito hediondo” (aunque la pena máxima que alcanzará este “delito hediondo” es de 10 años de cárcel).  
 
Para poder cumplir con la prohibición, los agentes de inmigración brasileños consultarán con las bases de datos de la Interpol, la Policía Federal y las denuncias hechas al “Marque 100” (servicio telefónico de la Secretaria de Derechos Humanos en Brasil que registra denuncias de explotación sexual de niños y adolescentes y que recibirá un refuerzo del 25 % en los operadores para el Mundial de Brasil).  
 
A escasas dos semanas de la celebración del Mundial de Fútbol 2014, no sólo las obras inacabadas son objeto de crítica para la opinión pública. Brasil ha tenido siete años para preparar esta cita deportiva que, lejos de destacar las bondades del país, está dejando al descubierto sus problemas.  Como ocurrió el año anterior con la Copa Confederaciones, las protestas populares han alcanzado un clímax este fin de semana pasado, aunadas a las críticas de jugadores como el ex jugador brasileño Ronaldo, quien acusó de malos manejos a los encargados de organizar la competición futbolera y de los aficionados que protestaron al inicio de las prácticas de su propio seleccionado.
 
Balance desproporcionado
 
A causa este encuentro deportivo, se espera que con la llegada de más de medio millón de turistas y el desplazamiento interno de tres millones de brasileños por las 12 ciudades sede del Mundial, llegue también el indeseado incremento de la prostitución infantil, sobre todo en sedes donde abunda la pobreza.  En ese sentido, la fiscal brasileña Antonia Lima Sousa dijo que uno de los problemas a los que se enfrentará Brasil en el Mundial es a la proliferación de la “oferta” local, puesto que «son niñas que vienen de la extrema pobreza, la cultura de la exclusión social y la tradición de una profunda falta de respeto por las mujeres».
 
Es, de hecho, este posible turismo sexual que puede traer consigo la celebración del Mundial de Fútbol 2014, lo que ha alarmado a las autoridades y les ha llevado a poner en marcha planes de prevención y lucha contra estas prácticas.  Y, desde luego, la presencia de la Iglesia católica brasileña así como la presencia, el pasado año, del Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en ese país sudamericano, que cuenta con el mayor número de católicos del mundo.
 
Aunque Brasil no dispone de datos sobre la explotación sexual infantil, el “Marque 100” registró 124.000 denuncias –sólo en 2013– que aludían a violaciones de los derechos de los menores, de las que 26 por ciento hablaban de violencia sexual. Además, en 2010, UNICEF estimaba que en Brasil podía haber unos 250.000 niños que se prostituían con menos de 14 años.  La inversión y las medidas que ha tomado el gobierno de Dilma Rousseff para prevenir la explotación sexual de menores (4 millones de dólares) contrastan con la inversión en los 12 estadios que acogerán a las selecciones de futbol de todo el mundo: 3.400 millones de dólares.

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